Dos-cerebrados.

Dos-cerebrados.

En un documental Discovery Health, se mostró el daño que puede causar el consumo desmedido de alcohol. En el mismo se le llama al sistema límbico el “cerebro primitivo” (también “animal”), ya que según los que postulan la evolución, es la parte más antigua del cerebro completo. Ese sistema controla todo lo que tiene que ver con reflejos, emociones, miedo, ira, sosiego, placer, excitación y hasta la adicción.  Por otro lado, está el “cerebro superior”, también llamado “racional”. Esta parte del cerebro es la que generalmente piensa, además de existir, como dijo Descartes. ¿Qué hace el consumo desmedido de alcohol? Neutraliza y apaga las neuronas que usa el cerebro superior, por lo que el cerebro primitivo tiene libertad de actuar sin límites, llegando al descontrol, sin medir consecuencias. Por eso en las borracheras puede pasar cualquier cosa. Y si se abusa de ellas, se daña con el tiempo, no sólo el cerebro en general, sino también el hígado, el estómago, los intestinos, etc.

Este documental me hizo reflexionar con esos “dos cerebros” en una misma cabeza. Me hizo acordar a las enseñanzas de Pablo, quien aconsejaba buscar vivir “en el espíritu”, que podría equipararse con vivir con el predominio del cerebro superior, controlando al cerebro primitivo. Esto es, lograr vivir con auto control. De lo contrario, el control lo tiene ese cerebro primitivo, lo que podría equipararse con vivir esclavo de lo que en el judaísmo se llama Yetser Hará, o Mala Inclinación. Y esto sería el “vivir en la carne” de Pablo. Está claro, cuando Pablo habla de “obras de la carne”, menciona fornicación, impureza, desenfreno, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, ira, contiendas, disensiones, partidismos, envidia, borracheras, orgías y cosas semejantes a éstas… (Gál.5:19-21). Eso sería vivir esclavos del cerebro primitivo, sin trabajar el superior o racional. Y eso, como dijo Pablo con advertencia, lleva a no entrar al Reino de Elohim.

En la Fe aprendemos también de Yaaqov/Santiago (1:13-15) que: “Cuando alguien se ve tentado no diga que Elohim lo tienta; porque a Elohim no lo tienta el mal, y él no tienta a nadie. Pero a cada uno le viene la tentación cuando su propia pasión lo arrastra y lo seduce. Luego la pasión, después de haber concebido, da a luz el pecado; y el pecado, una vez que se lleva a cabo, engendra la muerte.”. Allí se muestra que, cuando el cerebro primitivo no es controlado por el superior, produce que la pasión produzca la tentación, y luego el pecado, cualquiera sea. Ahora, ¿Será acaso una cuestión de ejercicio mental o meditación? ¿Alcanzará sólo eso? Creo que es indispensable una ayuda extra natural, para ayudar al cerebro superior para que tenga siempre el control, y es la ayuda del Espíritu de Santidad. Es por eso que necesitamos tanto de la oración para tener el control necesario con nuestra parte racional, que es la encargada de llevarnos por la firme obediencia a los mandamientos, para no caer en desórdenes que la afecten, o para ejercitarnos en la preparación para cuando llegue la oportunidad en donde el cerebro primitivo actúe con sentido de supervivencia, soltando pasiones que tienten a tropezar, como puede ocurrir con la lengua descontrolada, por ejemplo.

 

Autor: Gabriel Manfredi

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